Hoy me he levantado especialmente animada. Una pena no tener a nadie al lado de la cama porque uno rapidito antes de ir a la oficina siempre alegra el día. “En fin, cosas del verano”, ya se me pasará… pero no, no se me ha pasado. He salido a la calle, y no he podido evitar fijarme en el repartidor del ADN, uno de esos períodicos gratuitos que se distribuyen por cada esquina, y que tampoco es que informen demasiado, pero a veces la columna de Lucia Etxebarria no está mal y me proporciona mi dosis diaría de cinismo. Pues eso, que he mantenido la vista fija en el mocetón más que de costumbre, mientras mi cabeza, pensaba suelta esos papeles que te voy a enseñar yo la noticia del día.
Llego al despacho con el calor que está haciendo, y nada más abrir el correo electrónico, un e-mail de mi amiga Puri con un adjunto, el calendario de policías cachondos de su pueblo. ¿No se ha pasado aun la moda Full Monty? Así a ver quien trabaja… Eran ya casi las 12.00h cuando iba a empezar este artículo. Pantalla en blanco, ideas atascadas en la cabeza y leches! el mensajero, con su uniforme naranja y unos músculos en los brazos que se marcan aún más con esa camiseta apretada. Esto no hay quien lo soporte. No podía más. He cogido el secreto que guardo en el cajón. Mi Plumé (podéis verlo en la foto) que para estas cosas va muy bien y directa al baño a desahogarme. ¿Qué es el Plumé? Un vibrador de lo más discreto, parece un bolígrafo la mar de corriente, pero esconde un mini vibrador muy potente. No es la primera vez que me hace un buen servicio ante un calentón de estos. No os explico como funciona. Si sabeis usar un ‘boli’ sabeis usar esta maravilla.
Sobra decir que me he quedado relajadísima. Tanto que hasta ahora no me he puesto a escribir este artículo. Chicas, sed buenas.







